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13 sept 2010

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE BAYLY

Por: Miguel Pacheco Pretel





Hace unos días veíamos por televisión al escritor Jaime Bayly mostrando y celebrando su relación con una mujer veinticuatro años menor que él. Declaró, al estilo que nos tiene acostumbrados, dando detalles que limitan con lo perverso, siendo perturbadoramente minucioso en algunos detalles de su vida sentimental y sexual.
No dejemos de tomar en cuenta a otros ejemplos menos mediáticos como el cantante de cumbia Lucho Cuellar y el cómico Pablo Villanueva (Melcochita).
Estos personajes han actualizado el tema de las relaciones amorosas entre sujetos con mucha diferencia de edad. Ante lo cual, hay desde los que condenan estas relaciones hasta los convertidos amantes de las “ninfas”; y no olvidemos a los que esbozan una sonrisa solapada que los convierte en cómplices inconscientes en el deseo por probar una relación casi incestuosa.
No voy a enumerar juicios de valor al respecto, por el contrario, intentaré ofrecer ciertas luces acerca de lo que me han interpelado mis alumnos y colegas:
¿Qué lleva a un hombre y a una mujer muy menor, iniciar una relación que es social y afectivamente complicada?
Estructuraré mi ensayo de explicación en tres vectores:



- El hombre maduro
- La adolescente-mujer
- El inconsciente del amor

El hombre maduro: sabemos que el varón adulto maduro debe comenzar a convivir con el preludio de la pérdida de su homeostasis corporal, la cual incluye una declinación vertiginosa de la capacidad durativa, repetitiva y potencial de su rendimiento sexual. La psicología ofrece una explicación simple de esta conducta varonil:


“No quiere aceptar que su capacidad sexual ya no es la misma de antes”




Esto se traduce como una negación de la realidad. Los varones atacados por esta “patología” fueron varones destacados por su libido exacerbada, no necesariamente exitosa o meritoria. Ellos buscan entonces, probarle al entorno que aún pueden, que no han sido dados de baja por incapacidad física en el arte amatorio . Es su grito de poder que los llenará de satisfacción onanista al encontrarse con su propio eco: “todavía puedo…edo…edo…edo…”. Pero, nadie los ratifica, pareciera que fracasan, pese a sus denodados intentos.

La adolescente-mujer: en su avance sin límites en la conquista de espacios, la mujer no se sacia con trascender en temas políticos, económicos o sociales, al parecer también quiere demostrar su potencial en el manejo de las relaciones afectivas. Debo admitir que esta afirmación parece no soportar una pesquisa psicológica, pero si lo pensamos bien, el desarrollo humano femenino está caracterizado por quemar más rápido sus etapas, superándose a ellas mismas en todos los aspectos. Es decir, una adolescente puede lograr alcanzar, más prontamente, una comprensión de las implicancias de participar en un idilio con esas características, obteniendo para sí un saldo muy rentable: experiencia y estabilidad amorosa/económica.

El inconsciente del amor: indagar en el inconsciente amoroso es una odisea apasionante. Dada la complejidad de esta aventura, sólo daré un bosquejo de lo que se trata este vector.
El inicio de una relación con mucha diferencia de edad obedece a mecanismos inconscientes, les ofrece la ilusión de satisfacer sus deseos inconscientes.



El inconsciente masculino se caracteriza por la elección de un objeto amoroso al cual poseer hasta el punto de ponerlo en “el lugar del muerto”. El deseo del varón sólo puede funcionar con la condición sine qua non de que el objeto amable y amado funcione como un muerto. Por sobre todo le conviene que el otro no pida, que es lo mismo que decir que no debe faltarle nada, a partir de lo cual el varón se esfuerza por controlar y dominar la muerte de su compañera amorosa deseante: “A ella no le falta nada…tiene todo en la casa…No necesita trabajar…, y todo en armonía. Todas estas frases estereotipadas nos recuerdan que el objeto de amor no tiene nada que pedir, que está colmado, al abrigo de la necesidad, encerrado en su burbuja. Al respecto, una pareja mucho menor suele aceptar con mayor facilidad dichas condiciones y se somete a cambio de satisfacer sus aspiraciones inconscientes.
De hecho, el varón mantiene un gusto inmoderado por la prisión amorosa. Se desvive para que su objeto de amor conozca los privilegios de una cárcel de primera clase. Además, para no excederse, puede esforzarse por ennoblecer a su objeto amoroso afeándolo. Este es uno de los homenajes más refinados que puede brindarle, ya que aun con sus galas poco favorables, lo ama igual, es decir tanto más cuanto que el objeto es cada vez más indeseable. Por lo demás, cuanto más indeseable se revela la pareja amorosa, más se justifica que esté bien muerto. Recordemos, al respecto, las estrategias de la mayoría de varones, que enfundan a sus compañeras femeninas en una armadura indumentaria dispuesta de tal manera que no se vea nada comprometedor, en nombre de un sin número de racionalizaciones sobre las “leyes del mejor gusto y del buen vestir”, como: “Eso te hace ver como una cualquiera…con esa ropa parece que estas buscando marido…ya eres madre y no te puedes poner eso”, etcétera.




Del lado femenino, la relación con su propio padre suele ser objeto de una dialéctica ambivalente para la identificación. De hecho, en el discurso femenino el padre está constantemente significado como un objeto que alterna entre lo positivo y negativo. Así como puede presentarlo como un objeto de amor, del mismo modo ese objeto es un objeto de amor caído que reclama enternecimiento. Innumerables fórmulas de la vida cotidiana atestiguan dicha ambigüedad: “Mi madre no es la mujer que le conviene a mi padre”, “A causa de ella él es el que es”. Ahora bien, “lo que él es” es siempre más o menos la manera de evocar a ese padre impotente, víctima de la adversidad femenina, es decir un padre insatisfecho que merece un apoyo. Una posibilidad muy diferente puede conducir a la mujer a una actitud diametralmente opuesta, es decir, deliberadamente hostil hacia su padre, quien es considerado entonces como responsable de la desdicha familiar. El padre es un tirano que aniquila simultáneamente a la madre y a la hija, en cuyo caso se impone sostener a la madre. Estos dos casos de la posición femenina en relación con el padre tienen algo en común. Tanto en un caso como en el otro, ella ahorra su propio deseo: por un lado está sujeta al deseo del otro, el padre víctima de una mujer que no la ha comprendido; por el otro, se pone al servicio de la causa materna. No hace falta más para que la “pre-mujer” sea movilizada a intentar hacerse cargo del deseo paterno insatisfecho y a buscar la repuesta a la pregunta de ¿qué es ser una “mujer”? Puede hacerse cargo de esto de múltiples maneras. Un caso típico es el motivo de este escrito, la nueva mujer obtiene la promesa de respuestas satisfactorias a sus preguntas y de vivencias que lo confirmarán. Ella se “coagula” en una relación donde su objeto amoroso está investido con la imagen paterna víctima y poseedora de sabiduría sexual que le otorgará las insignias de mujer.



En conclusión, la incertidumbre que aniquila a la adolescente-mujer explica en gran medida su afinidad con las infamias del varón maduro. Como es lógico, en semejante encuentro, una desgracia nunca viene sola… Más vale ser solidarios.

23 nov 2009

MATEMÁTICAS Y PSICOANÁLISIS


Por: Miguel Angel Pacheco Pretel (&)




Matemática y Psicoanálisis 1(*)


El titulo de este trabajo es: “Matemáticas y Psicoanálisis”, me alegra haber situado, por “casualidad”, estos dos conceptos en este orden: primero matemáticas, y luego, el psicoanálisis. De haberlos ubicado al revés podría orillar a pensar que psicoanalizaríamos las matemáticas, o que con el psicoanálisis haríamos matemáticas.


· Psicoanalizar las matemáticas; buscaría explicar por qué las matemáticas utilizan tal o cual concepto, a que se debe la construcción de una dimensión nueva para solucionar ciertos impasses en su teoría, o hasta intentar, absurdamente, explicar la estructura de las matemáticas y a sus autores con un ojo analítico.



· Hacer matemáticas con el psicoanálisis; consistiría en usar las construcciones del psicoanálisis como si se trataran de números y someterlos a operaciones matemáticas, que aunque parezca difícil de creer, es una práctica en la que se tiende a incurrir, seducidos quizá por ciertos desarrollos de Lacan en los que se sirve de estas operaciones para dar origen a un nuevo concepto. En el segundo caso, usar conceptos psicoanalíticos para realizar operaciones matemáticas, es bien difícil, o de hacerse sería una operación intuitiva carente de sustento. Pero ¿Qué hay de Lacan con su cálculo de la raíz cuadrada de -1 ?¿Esto acaso no es una matemática con el psicoanálisis? No es así exactamente. En esta operación de la raíz cuadrada de -1, Lacan no convierte conceptos de su enseñanza en números o símbolos matemáticos para operar con ellos, tampoco enuncia las operaciones que se pueden hacer, ni mucho menos promueve dicha práctica. Él dice:



“...Y por eso hemos indicado, a reserva de incurrir en alguna desgracia, hasta dónde hemos podido llevar la desviación del algoritmo matemático para nuestro uso: el símbolo raíz cuadrada de -1, que también se escribe i en la teoría de los números complejos, sólo se justifica evidentemente no aspirando a ningún automatismo en su empleo subsiguiente.”[1]

La operación que resulta como producto de su enseñanza lo conduce a encontrar puntos de coincidencia con el álgebra y notar el uso que puede darle para poder hacer más transmisible su teorización. Ahora, el recurso de tomar la matemática para ciertos contenidos de su teoría, eran hechos, siempre y cuando, estos cumplían o eran factibles de atravesar todas las condiciones (para todo “x”, tal que “x” pertenezca al psicoanálisis y exista para las operaciones matemáticas). Otro ejemplo de esto sería la formulación de Lacan acerca de la puesta en relación del Sujeto con el Otro, en el seminario X, como si se preguntara “¿Qué del sujeto en el Otro?”. Lo que se puede presentar como una operación aritmética: una división del estilo “¿qué de 3 en 12?.







Lacan propone que esto se resuelve así: del lado del sujeto, queda la barradura del Otro; del lado del Otro, la barradura del sujeto; y esta operación deja un resto que es el objeto a.


Los desarrollos teóricos realizados por Lacan que comprometen a las matemáticas son diversos, estos van desde conceptos de la aritmética (ratio, divisibilidad), el álgebra (función, relación, igualdad, números complejos), hasta la geometría (superficie, espacio, perspectiva, borde y más específicamente sobre la topología). Si bien hace uso de estas ramas, llegado a cierto nivel de su enseñanza, es de la topología de la que más se sirve para poder articular sus teorizaciones.


Pero, perseguía también otro objetivo: el formalizar la teoría psicoanalítica. Fue un desafío, y debería seguir siéndolo, el tratar de ver si la topología contribuye a una formalización que permita que se generen efectos múltiples de sentido sin ser reductible a una significación unívoca.


La intención de Lacan no era hacer matemáticas, sino servirse de ella para articular algo del psicoanálisis. Para ello inicialmente utiliza el matema, el cual es un modo de escritura que más se sustrae a lo imaginario; ésta matematización tiene una escritura similar a la que se encuentra en el álgebra, en donde los números son sustituidos por letras (variables) o símbolos para expresar sus relaciones, permitiendo que sean generalizadas. Veamos lo siguiente:


Para el Álgebra
1. P(x) = ax2 + bx + c


Para el Psicoanálisis
2. $ ◊ a

Ambas representaciones se pueden leer de maneras muy similares: 1) P(x) = ax2 + bx + c; según el valor que adquiera la variable “x” el resultado de la operación variará, pero la estructura de este polinomio cuadrático (es el nombre que recibe en el álgebra) seguirá siendo la misma y sobre él se seguirán cumpliendo ciertas propiedades y condiciones; el valor que asuma “x” puede ser infinito pero la expresión siempre tendrá la misma lectura. De la misma manera sucede con 2) $ ◊ a; para cada sujeto la operación o solución de este matema será distinto en su “valor subjetivo”, pero la estructura seguirá siendo la misma sea cual sea este sujeto, claro que bajo ciertas restricciones.


La pregunta que suscita el uso de los matemas psicoanalíticos y la práctica con objetos topológicos, es si estas tienen algún efecto sobre las condiciones imaginario-simbólicas del analista y, sobre todo, que efecto tiene en la escucha analítica. Sobre el uso de la topología y su estudio, Mirta Goldstein nos dice:


“Escribir la lógica de lo escuchado durante un análisis con letras o manipulando un objeto topológico, provoca una ligazón con lo inconsciente primario que da cabida al lapsus, al tropiezo, al acto fallido, y, recursivamente, la escucha del analista se va transformando en un saber-hacer con la letra y con el algoritmo lacaniano: significante / significado, que invierte el algoritmo de Saussure.”

Para justificar este uso no es suficiente el fin de eliminar la intuición en beneficio de un supuesto formalismo, sino también, perseguir el intento de Lacan, el cual es: “cercar lo real”. Pero, no debemos dejar de indicar que este uso produce una ruptura discursiva.


Hay quienes persiguen más allá de una “formalización científica” y se emprenden en dicha empresa para ver si obtienen contribuciones en lo terapéutico y en lo clínico; o sea si a partir de esta inclusión en las conceptualizaciones, las curas son más exitosas y producen efectos más radicales.


Confundir los trabajos de Lacan (sobre la topología) con una metáfora, es un mal persistente hasta nuestros tiempos, un mal matemático: el error está en la falta de comprensión de la matemática; o también un mal lacaniano: la demora de parte de los psicoanalistas en saber topología o dedicarse a ella. “Algo similar ocurrió con Freud: casi ninguno de los post-freudianos utilizó el concepto de pulsión de muerte”. Creyeron que Freud estaba loco –salvo Melanie Klein, que tomó el concepto para convertirlo en ‘instinto’–. Con Lacan y los lacanianos pasó lo mismo: cierta parte de su enseñanza, repleta de topología, la sentimos anómala. Pero, en realidad, sucede que es menos permeable a la intuición prejuiciosa.”[2] El asumir haber entendido lo necesario y suficiente y autorizarse a abandonar la investigación acerca de este tema, por considerarlo poco medular, no tiene asidero en ningún momento del desarrollo del psicoanálisis lacaniano.

Mirta Goldstein identifica tres puntos a los cuales remite la topología que cada psicoanalista maneja, consciente o no de ello:


1. Al fantasma de cada uno,
2. A la abstracción conceptual alcanzada en los estudios teóricos y,
3. A la continuidad de la emergencia del Discurso del Analista, o sea, a la transmisión.


Apoyados en lo anterior, podemos pensar que éste abandono de la investigación nos puede prefigurar una resistencia, es decir, nos posicionamos restándole importancia al tema por considerarlo anexo o porque no nos acomoda; dificultad resaltada por Eidelsztein:


“Para Lacan hay otra noción de resistencia del analista: la ‘resistencia teórica’. Esta indicación aparece sólo una vez en su obra, pero está[3]. Propone que los analistas tenemos una resistencia específica respecto de la teoría psicoanalítica, que consiste en resistir a lo más sorprendente e increíble que la teoría nos aporta.”

... “Por lo tanto, me parece que mediante la noción de ‘resistencia del analista’, Lacan propone una particular forma de resistencia que se verifica para todos los que nos abocamos a los problemas vinculados al saber: una tendencia a dejar de lado aquello que ‘no encaja’ en nuestro esquema referencial”.

También mencioné, como un primer caso, que hay una tentación habitual de psicoanalizar la matemática o a sus autores. Quiero dejar bien clara mi posición al respecto: me parece imposible. Al igual que con la literatura, la matemática no puede ser sometida una operación de este tipo; creo que es una práctica reservada sólo para aquellos que dan la talla, un Freud o un Lacan.


Las Matemáticas

En la topología el topólogo considera los mismos objetos que el geómetra, pero de modo distinto, no se fija en las distancias o los ángulos, ni siquiera en la alineación de los puntos. Para un topólogo una circunferencia es equivalente a una elipse; una esfera no se distingue de un cubo, se dice que estas figuras son objetos topológicamente equivalentes, porque se pasa del uno al otro mediante una transformación continua y reversible, en otras palabras, hay una correspondencia biunívoca entre los puntos de la figura original y los de la transformada.


La manipulación con los cuerpos topológicos plantea la cuestión del reconocimiento de la estructura tras las transformaciones –ya sean continuas o discontinuas– que se hagan de ellos y que les sean posibles; la posibilidad está determinada por los invariantes que cada cuerpo posee, y que permiten identificarlo aún después de mínimos movimientos de transformación en el espacio y en el cuerpo. “Poder pensar en la noción de cuerpo topológico nos aproxima a la idea freudiana de que somos cuerpo y de que hay distintos trayectos del hacerse cuerpo aunque para el sujeto hablante es necesario real-izar el trayecto lógico desde el cuerpo de la madre al cuerpo de los significantes.”[4]


La topología estudia algunos objetos, estos están sumergidos en espacios a los cuales crea al mismo tiempo. Por ello es que la topología estudia las propiedades generales de los espacios para determinar si éstos son abiertos o cerrados, limitados o ilimitados, si los objetos tienen agujeros y qué pasa al producir en ellos cortes y discontinuidad.


La topología permite, fundamentalmente, construir espacios y abolir la idea de que el espacio es un constructo a priori. No le interesa ni la medición, ni la cuantificación, pues busca “mostrar”, no demostrar ni modelizar, estructuras complejas.


El analista no escapa a las matemáticas. Su recorrido en la práctica y en su propio análisis le dan muestras de “cosas” que son inarticulables simbólicamente, que lo atarían en su inconsciente, para lo cual requeriría de algo más allá, que le permita intentar una posible articulación.


Matemática y Psicoanálisis 2

La matemática es muy anterior al psicoanálisis, en su creación como cuerpo teórico. El psicoanálisis se sirve de las matemáticas para ir articulando elementos que se iban configurando en su proceso. Proceso, que es muy abierto –recordemos el uso de otras disciplinas– lo contrario conduciría al dogma. En ese proceso, ha sido frecuente la utilización de la literatura, la lingüística, la antropología, etc.; ya sea como herramienta o para ejemplificar los pasos que se iban dando.


El inconveniente es que no notamos la relación inherente entre psicoanálisis y topología. Se han tomado otras disciplinas y han sido usadas, hasta apropiadas por el psicoanálisis, como la lingüística. Sin embargo, Lacan, en un determinado momento se dedicó casi de manera exclusiva a la topología, sosteniendo que la estructura es topológica y que la topología indica lo Real. Aún después de esto, muchos no los conciben relacionados.


Algo común entre matemática y psicoanálisis, no menos importante, lo encontramos al ponernos a revisar sobre esta relación o sobre la presencia de las matemáticas en la teoría lacaniana; Lacan extrajo los conceptos sobre matemáticas de diversos libros y, como habitualmente, no citó casi ninguno, entonces la investigación nos dará una bibliografía extensa (si es que queremos entender algo) en donde uno encontrará las explicaciones y los argumentos para distintos temas propuestos por él. Lo común está en que no existe el libro que lo abarque todo; no hay un libro de matemática que diga todo sobre las matemáticas, al igual que no existe ese libro de psicoanálisis que lo tenga todo; ambos, matemática y psicoanálisis, no son saberes completos, afortunadamente.


El cuerpo de las matemáticas exige una constante revisión de sus conceptos, exige práctica con ellos (teorizar) y además, adentrarse a la experiencia de vivenciar sus efectos(experimentar). ¿Suena conocido?. Pero, en todo este universo matemático la topología ofrece la posibilidad de obtener cálculos a partir de operaciones aplicadas (nada intuitivas), basadas en las propiedades de sus objetos; un ejemplo de esto es el aporte que hizo a la física, el físico Stephen Hawking que alcanzó popularidad al probar que las estrellas tienen una vida parecida a la de un ser vivo, sin la necesidad de someter la observación a una experiencia que por demás la supera en el tiempo. Finalmente, hemos visto algunos ejemplos en el que el trayecto va de la matemática al psicoanálisis. El trayecto por el cual el psicoanálisis toma de la matemática elementos para desarrollar su teoría, para hacer posible, discernible y transmisible la escritura de lo Real, lo Simbólico y, lo Imaginario. Este trayecto llevó a Lacan, a pasar por sus esquemas (L, R), el algoritmo del significante, la fórmula de la metáfora, hasta el Grafo del Deseo, los cuales corresponden a su momento algebráico, para luego pasar a la topología de las superficies (el toro, la banda de Moëbius, el cross-cap y la botella de Klein); por último, el desarrollo más importante: el Nudo Borromeo, del cual el mismo Lacan en su clase del 15-04-1975 de RSI, dice: “el nudo no es el modelo, es el soporte. No es la realidad, es lo Real”. Para dar un soporte más a esto; a pesar de que Miller considera que el estudio de la topología lacaniana no debe crear especialistas en esto, reconoce que “sin la topología Lacan no habría podido elaborar el sujeto sin sustancia que la experiencia analítica requiere”.


La posición de Lacan y su elaboración acerca del psicoanálisis en relación con las matemáticas, se extiende más allá, quedando por fuera del simple análisis de las superficies y objetos topológicos. Entonces me surge (sugestionado, quizá) una pregunta común y ya enunciada por otros autores: ¿Cuál es la diferencia entre el uso de la topología por parte de Lacan y la que hacen de ella los matemáticos? Además, otra pregunta que podría tener un valor de respuesta para la anterior: ¿Acaso “el fuera” de las matemáticas corresponde al psicoanálisis?


BIBLIOGRAFÍA
- Carpeta Nº 4. NEL-Medellín, 2001.
- Eidelsztein, A. “La topología en la Clínica Psicoanalítica”, 2006; Buenos Aires, Ed. Letra Viva.
- Eidelsztein, A. “Modelos, esquemas y grafos en la enseñanza de Lacan”, 1992; Buenos Aires, Ed. Manantial.
- Geometría (una visión de la planimetría). Instituto de Ciencias y Humanidades. 2005. Ed. Lumbreras.
- Lacan, J. “Escritos 2: Subversión del Sujeto y la Dialéctica del Deseo en el inconsciente freudiano”. 2003. Buenos Aires, Ed. Siglo XXI.
- Miller, J-A.“La topología en la enseñanza de Lacan”. Matemas I. Ed. Manantial.


NOTAS
(&) Psicólogo Clínico, Docente en Psicología y Psicoanalista de orientación lacaniana.
* Ensayo presentado para el III Semestre del Centro de Investigación y Docencia (CID) de la NEL-Lima.
[1] Lacan, J., “Subversión del Sujeto y la Dialéctica del Deseo en el inconsciente freudiano”, en Escritos 2; 2003, pág. 801, Buenos Aires, Ed. Siglo XXI.
2] Eidelsztein, A. “La topología en la Clínica Psicoanalítica”, 2006; Buenos Aires, Ed. Letra Viva.
[3] Se hace aquí referencia a la “Presentación de la traducción francesa de las Memorias del Presidente Schreber” (1966), donde Lacan señala: “Ello puede dar una idea de la resistencia que oponen los psicoanalistas a la teoría de la que depende su propia formación”[en Intervenciones y textos 2, 1988, pp. 31 y 32, Buenos aires, Ed. Manantial].
[4] Goldstein, M. “Las escrituras topográficas y topológicas del sujeto, la cura y el final de análisis psicoanalítico”, 2003, Comunidad Virtual Russell, Seminario virtual.








MIEDO AL LOCO

Por: Alejandra Quintero**











Voy a comenzar con un fragmento de un dialogo entre Maud Mannoni que es una psicoanalista francesa y un adolescente considerado como anormal, Llamado Jacques. Lo extraje del libro Un Lugar para Vivir de Maud Mannoni.


- M.M: ....antes estabas explicándole a Paul la forma en que la sociedad, la gente habla de los que llaman normales y de los que llaman “anormales”. Puedes decir algo sobre eso??


- J: Creo que cuando a uno se le considera anormal es muy difícil escapar de ese estatus. Se puede pero teniendo en cuenta de que la gente te hace zancadilla o casi. Tal vez lo hacen inconscientemente, pero lo hacen......



- M.M: Una vez me dijiste que las cosas te fueron bien en el instituto a partir de que las historias que te contabas a ti mismo, las guardabas solo para ti.


- J: Si, si escondes lo que los demás no quieren oír, tienes una apariencia normal. La gente esta lejos de saber que vienes de una casa de “chiflados”.


- M.M: entonces tu has tenido que jugar a ser normal???


- J: si, y luego ya me acostumbré. .....pero las escondo con mucho cuidado, y así nadie se da cuenta de nada y me dejan en paz.......


Este ejemplo lo traje para que veamos que no es un secreto para nadie que la sociedad segrega, rechaza, a aquel que es diferente, entre ellos al que está loco. Pero pensemos...Quién es el LOCO??, en una primera impresión podemos decir que el loco es aquel está mas allá de cualquier diagnóstico psiquiátrico, hablar del loco nos remite directamente a aquel que presenta ciertas anomalías en su comportamiento incluyendo a los niños, al inadaptado, o simplemente aquel que consideramos un poco o bastante extraño, y que en cualquiera de los casos le es bastante difícil escapar de ese estatus.


En el caso del que carga con un diagnóstico de psicosis, y es de este loco del que vamos a hablar hoy, pone a la familia en una encrucijada en la que faltan palabras para poder nombrar ese acontecimiento que aparece en forma súbita y que es absolutamente inesperado. Que de un día para el otro se comienza a notar cierta rareza en el loco que no entienden y los sumerge en la incertidumbre de no saber que esta pasando. Este desconcierto no se limita al primer brote, ya que con cada descompensación del paciente la situación se repite con renovado terror. Desde que la psicosis aparece en algún miembro del grupo familiar se desencadenan algunas cuestiones del orden de lo trágico. Este impacto es vivido por las familias como lo unheimlich, palabra alemana que significa lo ominoso.


En el artículo de lo ominoso de Freud, se presentan distintas significaciones de esta palabra...la palabra alemana unheimlich es lo opuesto a heimlich, que es lo intimo, lo doméstico, lo familiar. Claro que no todo lo nuevo y no familiar es terrorífico, Solo puede decirse que lo novedoso se vuelve fácilmente terrorífico y ominoso, algo de lo ominoso es terrorífico, pero no todo. A lo nuevo y no familiar tiene que agregarse algo que lo vuelva ominoso. En algunas de las acepciones que aparecen en el texto ominoso remite a: lo extraño, sospechoso, mal agüero, lúgubre, siniestro, horrendo, demoníaco. No solo el loco nos remite a un sentimiento tan penoso, también se pueden encontrar situaciones que voy a nombrar a continuación, en las que podemos vivir esa misma sensación que se siente con el loco, esos momentos de angustia, como por ejemplo cuando uno se extravía en un bosque, y a pesar de los esfuerzos por encontrar un camino que resulte familiar, se retorna repetidas veces a cierto sitio caracterizado por determinado aspecto. O cuando uno anda por una habitación desconocida u oscura, en busca de la puerta o la perilla de la luz, y por enésima vez se tropieza con el mismo mueble.


También en otras experiencias podemos ver que solo el factor de la repetición no deliberada es el que vuelve ominoso algo en si mismo inofensivo y nos impone la idea de lo fatal, inevitable, donde lo habitual sería hablar de “casualidad”. Por ejemplo: Es una vivencia sin duda indiferente si en un sitio nos dan cierto número, y hallamos ese mismo número en otro sitio donde fuéramos. Pero esa impresión cambia si es que ambos episodios en si triviales se suceden con poca diferencia de tiempo. Es decir si ese mismo número lo recibiéramos en diferentes situaciones en el transcurso de un solo día uno lo hallaría ominoso. La omnipotencia del pensamiento, es por ejemplo cuando alguien en un arrebato de cólera desea al otro que le pase algo malo o incluso la muerte y si esto después de unos pocos días se hace efectivo el que lo deseó vive esta situación como ominosa. El fenómeno del déjà vu, esa sensación de que ya se ha vivido alguna situación, lugares, paisajes, casas, etc. Y también Los ataques de epilepsia también podemos hallarlos como ominoso. Si la teoría psicoanalítica acierta cuando dice que una serie de sentimientos, de cualquier clase que sean se transforman en angustia por obra de la represión, la represión es para el psicoanálisis una operación por medio de la cual se rechazan o se mantienen en el inconsciente pensamientos, imágenes, recuerdos, entre los casos que provoca angustia existirá por fuerza un grupo en el que pueda demostrarse que eso angustioso es algo reprimido que retorna. Si esta fuera la naturaleza oculta de lo ominoso, no seria efectivamente algo nuevo o ajeno, sino algo familiar antiguo a la vida anímica, enajenado a ella por el proceso de la represión.


Schelling, define lo ominoso como algo que destinado a permanecer oculto sale a la luz. Pareciera que lo ominoso del vivenciar se produce cuando unos complejos infantiles reprimidos, olvidados, son reanimados por una impresión, si fuera cierto que lo ominoso sea algo familiar que ha experimentado una represión y retorne luego de ella, pero el enigma de lo ominoso no parece resuelto solo con este material. Porque no es todo lo familiar que esta reprimido lo que va a generar angustia cuando retorna, parece que solamente un punto de lo familiar lo que se tornaría ominoso.


Voy a poner como ejemplos dos pequeños extractos de mitos griegos...en ambos casos es una historia bastante larga pero que como no viene al caso contarla completa solo me voy a remitir al hecho que nos interesa en esta conferencia. En el Primer mito, Edipo Rey se arranca los ojos cuando se entera de que era esposo de su propia madre. También hace una referencia clara al sentimiento de lo ominoso el mito griego de la Medusa que es un Monstruo femenino de manos metálicas, colmillos afilados y cabellera de serpientes venenosas vivas, mirarla resultaba literalmente petrificador, todas las criaturas que la veían se convertían en piedras de la tierra. La visión de la medusa petrifica de horror. En los dos mitos se hace referencia a una forma atemperada de la castración. El terror es el mismo terror a la castración, estas son conclusiones de Freud en su artículo, La Cabeza de Medusa. Pero vamos a ver que es la castración??? , el diccionario de psicoanálisis dice que Como complejo infantil la castración esta centrada en una fantasía, la cual aporta una respuesta al enigma que plantea al niño la diferencia sexual anatómica, en sus teorías sexuales infantiles, esta diferencia se atribuye al cercenamiento del miembro en la niña, (es decir el niño cree que a la niña le han cortado su miembro sexual) La estructura y efectos del complejo de castración son diferentes en el niño y la niña, el niño teme a la castración como una amenaza paterna en respuesta a sus actividades sexuales, en la niña la ausencia de pene es sentida como un perjuicio sufrido que intenta negar, compensar, reparar. La castración va mas allá de lo fenomenológico, tiene una connotación privativa, normativa. Vamos a ubicar la angustia de castración dentro de una serie de experiencias traumatizantes en las que interviene igualmente un elemento de pérdida, de separación de un objeto: pérdida del pecho en el ritmo de la lactancia, destete, defecación. Estas experiencias son equivalencias simbólicas. El complejo y la amenaza de castración son un tema muy profundo e importante en la teoría psicoanalítica y por supuesto en la constitución de un sujeto, lo voy a tocar muy por encima, solo con el fin de hacer un seguimiento teórico del tema que hoy nos convoca y por que es Freud quien hace este lazo entre lo ominoso y la angustia de castración. Lacan dice que la castración, se trata de la incorporación de un tercero, que usualmente está representado por el padre, que separa, corta, el dúo madre - niño. Por este hecho, crea la ausencia, el vacío en la pareja madre- hijo, devolviendo el deseo a la madre, y ofreciendo al niño su espacio para la creatividad, la originalidad que surge con la falta, es decir ese espacio liberado por la función paterna entre la madre y el niño. Castrar a alguien es darle la posibilidad de devenir en un ser humano independiente.


Finalmente la castración se trata de un corte, simbólico, que permite el advenimiento de un sujeto y hacerse reconocer por el otro como sujeto. Este corte o falta es fundamental, es su desenlace el que determina la estructura psíquica de un sujeto, este es el punto de lo familiar reprimido que les decía anteriormente que se torna ominoso. Porque más importante aun que el corte en si es la manera en que cada uno lo vive individualmente y la huella muy particular y diferente que deja en cada uno. Todo estos complejos infantiles suceden a nivel del inconsciente, están reprimidos, olvidados, pero en lo que se refiere a la locura, es justamente allí donde está la dificultad, en la huella que deja este corte simbólico, parece que todo estuviera a flor de piel. Entonces podemos pensar que la angustia que el loco despierta en el otro nos remite indefectiblemente a nuestro propio corte, y a la huella imborrable que ha dejado en cada uno de nosotros de diferente manera y que posibilitó nuestra propia constitución como sujetos y a los avatares que para ello hemos pasado en nuestra vida anímica infantil. Es decir, el miedo, el rechazo, que sentimos ante un encuentro con un loco no es mas que un enfrentarse con eso familiar, con cosas propias que están reprimidas destinadas a estar ocultas, olvidadas y algo(o sea el loco) las hace salir a la luz. Este miedo que se siente por el loco, lo tuvo y aun lo tiene recluido en instituciones, como si fuera un gran peligro para la sociedad, internar al loco en un hospital, sacárselo de encima parece la primera reacción a la que atina cualquiera que lo tuviera a cargo. Aquí voy a hacer una aclaración, No es que esté mal el internamiento, siempre y cuando se le dé la posibilidad de opinar y si es que esta pasando por una crisis, en la que no puede dar ninguna opinión cuando sale de la crisis es conveniente pedírsela y no dejarlo por siempre internado, por que las crisis no duran mucho tiempo. Álamo hace un trabajo con el loco que no lo hace todas las instituciones y es permitirle al loco decir su verdad, hablar libremente, le permite al sujeto situarse al nivel de la palabra, con posibilidad de separarse, de apartarse de la institución cuando lo desee, no es al modo de la institución tradicional que adquiere en la práctica, una posición de omnipotencia, de asumir el saber, y cogidos en esta trampa, le rechaza al loco el lugar de sujeto en busca de su deseo, la palabra del paciente solo puede ser escuchada como la palabra del loco. Álamo, no encierra a sus locos, no esta todo el día encima suyo, no asume posiciones de saber, pero sí esta a su servicio. Se acepta el delirio y el comportamiento del loco por perturbado que resulte, por que sabemos que es su propia manera de buscar el camino y su curación, y esta solo es posible al final de esta búsqueda, que a veces es muy larga y muy difícil de aceptar por las personas que lo rodean. No es que los profesionales de Álamo podemos hacer este trabajo con los locos por que seamos unos pocos iluminados, la respuesta esta en el análisis personal. Álamo no solamente trabaja con locos, también lo hace con su familia, por que este miedo al loco que por supuesto no le es ajeno a los familiares, y es por eso que realizamos, un trabajo integrado, en conjunto para finalmente dar cuenta de se tratan estos misterios que envuelven a la locura, por que tener conocimiento, saber, sobre ellos ayuda a desmitificarlos y permite a la familia enfrentarlos desde otro lugar. De lo que se trata es que aquello que devino en un momento como ominoso, se vaya tornando un poco más familiar. De igual manera estas conferencias tienen como finalidad mostrar temas de salud mental entre otros a la comunidad, para que poco a poco se vayan desprendiendo esos mitos formados alrededor del pobre loco y no solamente de él, que además de su sufrimiento tiene que cargar con peso de un gran estigma.


NOTAS

* Conferencia pronunciada en Álamo (Centro de Promoción en Salud Mental).

** Licenciada en Psicología, psicoanalista de orientación lacaniana, formada académicamente en Argentina.
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13 sept 2010

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE BAYLY

Por: Miguel Pacheco Pretel





Hace unos días veíamos por televisión al escritor Jaime Bayly mostrando y celebrando su relación con una mujer veinticuatro años menor que él. Declaró, al estilo que nos tiene acostumbrados, dando detalles que limitan con lo perverso, siendo perturbadoramente minucioso en algunos detalles de su vida sentimental y sexual.
No dejemos de tomar en cuenta a otros ejemplos menos mediáticos como el cantante de cumbia Lucho Cuellar y el cómico Pablo Villanueva (Melcochita).
Estos personajes han actualizado el tema de las relaciones amorosas entre sujetos con mucha diferencia de edad. Ante lo cual, hay desde los que condenan estas relaciones hasta los convertidos amantes de las “ninfas”; y no olvidemos a los que esbozan una sonrisa solapada que los convierte en cómplices inconscientes en el deseo por probar una relación casi incestuosa.
No voy a enumerar juicios de valor al respecto, por el contrario, intentaré ofrecer ciertas luces acerca de lo que me han interpelado mis alumnos y colegas:
¿Qué lleva a un hombre y a una mujer muy menor, iniciar una relación que es social y afectivamente complicada?
Estructuraré mi ensayo de explicación en tres vectores:



- El hombre maduro
- La adolescente-mujer
- El inconsciente del amor

El hombre maduro: sabemos que el varón adulto maduro debe comenzar a convivir con el preludio de la pérdida de su homeostasis corporal, la cual incluye una declinación vertiginosa de la capacidad durativa, repetitiva y potencial de su rendimiento sexual. La psicología ofrece una explicación simple de esta conducta varonil:


“No quiere aceptar que su capacidad sexual ya no es la misma de antes”




Esto se traduce como una negación de la realidad. Los varones atacados por esta “patología” fueron varones destacados por su libido exacerbada, no necesariamente exitosa o meritoria. Ellos buscan entonces, probarle al entorno que aún pueden, que no han sido dados de baja por incapacidad física en el arte amatorio . Es su grito de poder que los llenará de satisfacción onanista al encontrarse con su propio eco: “todavía puedo…edo…edo…edo…”. Pero, nadie los ratifica, pareciera que fracasan, pese a sus denodados intentos.

La adolescente-mujer: en su avance sin límites en la conquista de espacios, la mujer no se sacia con trascender en temas políticos, económicos o sociales, al parecer también quiere demostrar su potencial en el manejo de las relaciones afectivas. Debo admitir que esta afirmación parece no soportar una pesquisa psicológica, pero si lo pensamos bien, el desarrollo humano femenino está caracterizado por quemar más rápido sus etapas, superándose a ellas mismas en todos los aspectos. Es decir, una adolescente puede lograr alcanzar, más prontamente, una comprensión de las implicancias de participar en un idilio con esas características, obteniendo para sí un saldo muy rentable: experiencia y estabilidad amorosa/económica.

El inconsciente del amor: indagar en el inconsciente amoroso es una odisea apasionante. Dada la complejidad de esta aventura, sólo daré un bosquejo de lo que se trata este vector.
El inicio de una relación con mucha diferencia de edad obedece a mecanismos inconscientes, les ofrece la ilusión de satisfacer sus deseos inconscientes.



El inconsciente masculino se caracteriza por la elección de un objeto amoroso al cual poseer hasta el punto de ponerlo en “el lugar del muerto”. El deseo del varón sólo puede funcionar con la condición sine qua non de que el objeto amable y amado funcione como un muerto. Por sobre todo le conviene que el otro no pida, que es lo mismo que decir que no debe faltarle nada, a partir de lo cual el varón se esfuerza por controlar y dominar la muerte de su compañera amorosa deseante: “A ella no le falta nada…tiene todo en la casa…No necesita trabajar…, y todo en armonía. Todas estas frases estereotipadas nos recuerdan que el objeto de amor no tiene nada que pedir, que está colmado, al abrigo de la necesidad, encerrado en su burbuja. Al respecto, una pareja mucho menor suele aceptar con mayor facilidad dichas condiciones y se somete a cambio de satisfacer sus aspiraciones inconscientes.
De hecho, el varón mantiene un gusto inmoderado por la prisión amorosa. Se desvive para que su objeto de amor conozca los privilegios de una cárcel de primera clase. Además, para no excederse, puede esforzarse por ennoblecer a su objeto amoroso afeándolo. Este es uno de los homenajes más refinados que puede brindarle, ya que aun con sus galas poco favorables, lo ama igual, es decir tanto más cuanto que el objeto es cada vez más indeseable. Por lo demás, cuanto más indeseable se revela la pareja amorosa, más se justifica que esté bien muerto. Recordemos, al respecto, las estrategias de la mayoría de varones, que enfundan a sus compañeras femeninas en una armadura indumentaria dispuesta de tal manera que no se vea nada comprometedor, en nombre de un sin número de racionalizaciones sobre las “leyes del mejor gusto y del buen vestir”, como: “Eso te hace ver como una cualquiera…con esa ropa parece que estas buscando marido…ya eres madre y no te puedes poner eso”, etcétera.




Del lado femenino, la relación con su propio padre suele ser objeto de una dialéctica ambivalente para la identificación. De hecho, en el discurso femenino el padre está constantemente significado como un objeto que alterna entre lo positivo y negativo. Así como puede presentarlo como un objeto de amor, del mismo modo ese objeto es un objeto de amor caído que reclama enternecimiento. Innumerables fórmulas de la vida cotidiana atestiguan dicha ambigüedad: “Mi madre no es la mujer que le conviene a mi padre”, “A causa de ella él es el que es”. Ahora bien, “lo que él es” es siempre más o menos la manera de evocar a ese padre impotente, víctima de la adversidad femenina, es decir un padre insatisfecho que merece un apoyo. Una posibilidad muy diferente puede conducir a la mujer a una actitud diametralmente opuesta, es decir, deliberadamente hostil hacia su padre, quien es considerado entonces como responsable de la desdicha familiar. El padre es un tirano que aniquila simultáneamente a la madre y a la hija, en cuyo caso se impone sostener a la madre. Estos dos casos de la posición femenina en relación con el padre tienen algo en común. Tanto en un caso como en el otro, ella ahorra su propio deseo: por un lado está sujeta al deseo del otro, el padre víctima de una mujer que no la ha comprendido; por el otro, se pone al servicio de la causa materna. No hace falta más para que la “pre-mujer” sea movilizada a intentar hacerse cargo del deseo paterno insatisfecho y a buscar la repuesta a la pregunta de ¿qué es ser una “mujer”? Puede hacerse cargo de esto de múltiples maneras. Un caso típico es el motivo de este escrito, la nueva mujer obtiene la promesa de respuestas satisfactorias a sus preguntas y de vivencias que lo confirmarán. Ella se “coagula” en una relación donde su objeto amoroso está investido con la imagen paterna víctima y poseedora de sabiduría sexual que le otorgará las insignias de mujer.



En conclusión, la incertidumbre que aniquila a la adolescente-mujer explica en gran medida su afinidad con las infamias del varón maduro. Como es lógico, en semejante encuentro, una desgracia nunca viene sola… Más vale ser solidarios.

23 nov 2009

MATEMÁTICAS Y PSICOANÁLISIS


Por: Miguel Angel Pacheco Pretel (&)




Matemática y Psicoanálisis 1(*)


El titulo de este trabajo es: “Matemáticas y Psicoanálisis”, me alegra haber situado, por “casualidad”, estos dos conceptos en este orden: primero matemáticas, y luego, el psicoanálisis. De haberlos ubicado al revés podría orillar a pensar que psicoanalizaríamos las matemáticas, o que con el psicoanálisis haríamos matemáticas.


· Psicoanalizar las matemáticas; buscaría explicar por qué las matemáticas utilizan tal o cual concepto, a que se debe la construcción de una dimensión nueva para solucionar ciertos impasses en su teoría, o hasta intentar, absurdamente, explicar la estructura de las matemáticas y a sus autores con un ojo analítico.



· Hacer matemáticas con el psicoanálisis; consistiría en usar las construcciones del psicoanálisis como si se trataran de números y someterlos a operaciones matemáticas, que aunque parezca difícil de creer, es una práctica en la que se tiende a incurrir, seducidos quizá por ciertos desarrollos de Lacan en los que se sirve de estas operaciones para dar origen a un nuevo concepto. En el segundo caso, usar conceptos psicoanalíticos para realizar operaciones matemáticas, es bien difícil, o de hacerse sería una operación intuitiva carente de sustento. Pero ¿Qué hay de Lacan con su cálculo de la raíz cuadrada de -1 ?¿Esto acaso no es una matemática con el psicoanálisis? No es así exactamente. En esta operación de la raíz cuadrada de -1, Lacan no convierte conceptos de su enseñanza en números o símbolos matemáticos para operar con ellos, tampoco enuncia las operaciones que se pueden hacer, ni mucho menos promueve dicha práctica. Él dice:



“...Y por eso hemos indicado, a reserva de incurrir en alguna desgracia, hasta dónde hemos podido llevar la desviación del algoritmo matemático para nuestro uso: el símbolo raíz cuadrada de -1, que también se escribe i en la teoría de los números complejos, sólo se justifica evidentemente no aspirando a ningún automatismo en su empleo subsiguiente.”[1]

La operación que resulta como producto de su enseñanza lo conduce a encontrar puntos de coincidencia con el álgebra y notar el uso que puede darle para poder hacer más transmisible su teorización. Ahora, el recurso de tomar la matemática para ciertos contenidos de su teoría, eran hechos, siempre y cuando, estos cumplían o eran factibles de atravesar todas las condiciones (para todo “x”, tal que “x” pertenezca al psicoanálisis y exista para las operaciones matemáticas). Otro ejemplo de esto sería la formulación de Lacan acerca de la puesta en relación del Sujeto con el Otro, en el seminario X, como si se preguntara “¿Qué del sujeto en el Otro?”. Lo que se puede presentar como una operación aritmética: una división del estilo “¿qué de 3 en 12?.







Lacan propone que esto se resuelve así: del lado del sujeto, queda la barradura del Otro; del lado del Otro, la barradura del sujeto; y esta operación deja un resto que es el objeto a.


Los desarrollos teóricos realizados por Lacan que comprometen a las matemáticas son diversos, estos van desde conceptos de la aritmética (ratio, divisibilidad), el álgebra (función, relación, igualdad, números complejos), hasta la geometría (superficie, espacio, perspectiva, borde y más específicamente sobre la topología). Si bien hace uso de estas ramas, llegado a cierto nivel de su enseñanza, es de la topología de la que más se sirve para poder articular sus teorizaciones.


Pero, perseguía también otro objetivo: el formalizar la teoría psicoanalítica. Fue un desafío, y debería seguir siéndolo, el tratar de ver si la topología contribuye a una formalización que permita que se generen efectos múltiples de sentido sin ser reductible a una significación unívoca.


La intención de Lacan no era hacer matemáticas, sino servirse de ella para articular algo del psicoanálisis. Para ello inicialmente utiliza el matema, el cual es un modo de escritura que más se sustrae a lo imaginario; ésta matematización tiene una escritura similar a la que se encuentra en el álgebra, en donde los números son sustituidos por letras (variables) o símbolos para expresar sus relaciones, permitiendo que sean generalizadas. Veamos lo siguiente:


Para el Álgebra
1. P(x) = ax2 + bx + c


Para el Psicoanálisis
2. $ ◊ a

Ambas representaciones se pueden leer de maneras muy similares: 1) P(x) = ax2 + bx + c; según el valor que adquiera la variable “x” el resultado de la operación variará, pero la estructura de este polinomio cuadrático (es el nombre que recibe en el álgebra) seguirá siendo la misma y sobre él se seguirán cumpliendo ciertas propiedades y condiciones; el valor que asuma “x” puede ser infinito pero la expresión siempre tendrá la misma lectura. De la misma manera sucede con 2) $ ◊ a; para cada sujeto la operación o solución de este matema será distinto en su “valor subjetivo”, pero la estructura seguirá siendo la misma sea cual sea este sujeto, claro que bajo ciertas restricciones.


La pregunta que suscita el uso de los matemas psicoanalíticos y la práctica con objetos topológicos, es si estas tienen algún efecto sobre las condiciones imaginario-simbólicas del analista y, sobre todo, que efecto tiene en la escucha analítica. Sobre el uso de la topología y su estudio, Mirta Goldstein nos dice:


“Escribir la lógica de lo escuchado durante un análisis con letras o manipulando un objeto topológico, provoca una ligazón con lo inconsciente primario que da cabida al lapsus, al tropiezo, al acto fallido, y, recursivamente, la escucha del analista se va transformando en un saber-hacer con la letra y con el algoritmo lacaniano: significante / significado, que invierte el algoritmo de Saussure.”

Para justificar este uso no es suficiente el fin de eliminar la intuición en beneficio de un supuesto formalismo, sino también, perseguir el intento de Lacan, el cual es: “cercar lo real”. Pero, no debemos dejar de indicar que este uso produce una ruptura discursiva.


Hay quienes persiguen más allá de una “formalización científica” y se emprenden en dicha empresa para ver si obtienen contribuciones en lo terapéutico y en lo clínico; o sea si a partir de esta inclusión en las conceptualizaciones, las curas son más exitosas y producen efectos más radicales.


Confundir los trabajos de Lacan (sobre la topología) con una metáfora, es un mal persistente hasta nuestros tiempos, un mal matemático: el error está en la falta de comprensión de la matemática; o también un mal lacaniano: la demora de parte de los psicoanalistas en saber topología o dedicarse a ella. “Algo similar ocurrió con Freud: casi ninguno de los post-freudianos utilizó el concepto de pulsión de muerte”. Creyeron que Freud estaba loco –salvo Melanie Klein, que tomó el concepto para convertirlo en ‘instinto’–. Con Lacan y los lacanianos pasó lo mismo: cierta parte de su enseñanza, repleta de topología, la sentimos anómala. Pero, en realidad, sucede que es menos permeable a la intuición prejuiciosa.”[2] El asumir haber entendido lo necesario y suficiente y autorizarse a abandonar la investigación acerca de este tema, por considerarlo poco medular, no tiene asidero en ningún momento del desarrollo del psicoanálisis lacaniano.

Mirta Goldstein identifica tres puntos a los cuales remite la topología que cada psicoanalista maneja, consciente o no de ello:


1. Al fantasma de cada uno,
2. A la abstracción conceptual alcanzada en los estudios teóricos y,
3. A la continuidad de la emergencia del Discurso del Analista, o sea, a la transmisión.


Apoyados en lo anterior, podemos pensar que éste abandono de la investigación nos puede prefigurar una resistencia, es decir, nos posicionamos restándole importancia al tema por considerarlo anexo o porque no nos acomoda; dificultad resaltada por Eidelsztein:


“Para Lacan hay otra noción de resistencia del analista: la ‘resistencia teórica’. Esta indicación aparece sólo una vez en su obra, pero está[3]. Propone que los analistas tenemos una resistencia específica respecto de la teoría psicoanalítica, que consiste en resistir a lo más sorprendente e increíble que la teoría nos aporta.”

... “Por lo tanto, me parece que mediante la noción de ‘resistencia del analista’, Lacan propone una particular forma de resistencia que se verifica para todos los que nos abocamos a los problemas vinculados al saber: una tendencia a dejar de lado aquello que ‘no encaja’ en nuestro esquema referencial”.

También mencioné, como un primer caso, que hay una tentación habitual de psicoanalizar la matemática o a sus autores. Quiero dejar bien clara mi posición al respecto: me parece imposible. Al igual que con la literatura, la matemática no puede ser sometida una operación de este tipo; creo que es una práctica reservada sólo para aquellos que dan la talla, un Freud o un Lacan.


Las Matemáticas

En la topología el topólogo considera los mismos objetos que el geómetra, pero de modo distinto, no se fija en las distancias o los ángulos, ni siquiera en la alineación de los puntos. Para un topólogo una circunferencia es equivalente a una elipse; una esfera no se distingue de un cubo, se dice que estas figuras son objetos topológicamente equivalentes, porque se pasa del uno al otro mediante una transformación continua y reversible, en otras palabras, hay una correspondencia biunívoca entre los puntos de la figura original y los de la transformada.


La manipulación con los cuerpos topológicos plantea la cuestión del reconocimiento de la estructura tras las transformaciones –ya sean continuas o discontinuas– que se hagan de ellos y que les sean posibles; la posibilidad está determinada por los invariantes que cada cuerpo posee, y que permiten identificarlo aún después de mínimos movimientos de transformación en el espacio y en el cuerpo. “Poder pensar en la noción de cuerpo topológico nos aproxima a la idea freudiana de que somos cuerpo y de que hay distintos trayectos del hacerse cuerpo aunque para el sujeto hablante es necesario real-izar el trayecto lógico desde el cuerpo de la madre al cuerpo de los significantes.”[4]


La topología estudia algunos objetos, estos están sumergidos en espacios a los cuales crea al mismo tiempo. Por ello es que la topología estudia las propiedades generales de los espacios para determinar si éstos son abiertos o cerrados, limitados o ilimitados, si los objetos tienen agujeros y qué pasa al producir en ellos cortes y discontinuidad.


La topología permite, fundamentalmente, construir espacios y abolir la idea de que el espacio es un constructo a priori. No le interesa ni la medición, ni la cuantificación, pues busca “mostrar”, no demostrar ni modelizar, estructuras complejas.


El analista no escapa a las matemáticas. Su recorrido en la práctica y en su propio análisis le dan muestras de “cosas” que son inarticulables simbólicamente, que lo atarían en su inconsciente, para lo cual requeriría de algo más allá, que le permita intentar una posible articulación.


Matemática y Psicoanálisis 2

La matemática es muy anterior al psicoanálisis, en su creación como cuerpo teórico. El psicoanálisis se sirve de las matemáticas para ir articulando elementos que se iban configurando en su proceso. Proceso, que es muy abierto –recordemos el uso de otras disciplinas– lo contrario conduciría al dogma. En ese proceso, ha sido frecuente la utilización de la literatura, la lingüística, la antropología, etc.; ya sea como herramienta o para ejemplificar los pasos que se iban dando.


El inconveniente es que no notamos la relación inherente entre psicoanálisis y topología. Se han tomado otras disciplinas y han sido usadas, hasta apropiadas por el psicoanálisis, como la lingüística. Sin embargo, Lacan, en un determinado momento se dedicó casi de manera exclusiva a la topología, sosteniendo que la estructura es topológica y que la topología indica lo Real. Aún después de esto, muchos no los conciben relacionados.


Algo común entre matemática y psicoanálisis, no menos importante, lo encontramos al ponernos a revisar sobre esta relación o sobre la presencia de las matemáticas en la teoría lacaniana; Lacan extrajo los conceptos sobre matemáticas de diversos libros y, como habitualmente, no citó casi ninguno, entonces la investigación nos dará una bibliografía extensa (si es que queremos entender algo) en donde uno encontrará las explicaciones y los argumentos para distintos temas propuestos por él. Lo común está en que no existe el libro que lo abarque todo; no hay un libro de matemática que diga todo sobre las matemáticas, al igual que no existe ese libro de psicoanálisis que lo tenga todo; ambos, matemática y psicoanálisis, no son saberes completos, afortunadamente.


El cuerpo de las matemáticas exige una constante revisión de sus conceptos, exige práctica con ellos (teorizar) y además, adentrarse a la experiencia de vivenciar sus efectos(experimentar). ¿Suena conocido?. Pero, en todo este universo matemático la topología ofrece la posibilidad de obtener cálculos a partir de operaciones aplicadas (nada intuitivas), basadas en las propiedades de sus objetos; un ejemplo de esto es el aporte que hizo a la física, el físico Stephen Hawking que alcanzó popularidad al probar que las estrellas tienen una vida parecida a la de un ser vivo, sin la necesidad de someter la observación a una experiencia que por demás la supera en el tiempo. Finalmente, hemos visto algunos ejemplos en el que el trayecto va de la matemática al psicoanálisis. El trayecto por el cual el psicoanálisis toma de la matemática elementos para desarrollar su teoría, para hacer posible, discernible y transmisible la escritura de lo Real, lo Simbólico y, lo Imaginario. Este trayecto llevó a Lacan, a pasar por sus esquemas (L, R), el algoritmo del significante, la fórmula de la metáfora, hasta el Grafo del Deseo, los cuales corresponden a su momento algebráico, para luego pasar a la topología de las superficies (el toro, la banda de Moëbius, el cross-cap y la botella de Klein); por último, el desarrollo más importante: el Nudo Borromeo, del cual el mismo Lacan en su clase del 15-04-1975 de RSI, dice: “el nudo no es el modelo, es el soporte. No es la realidad, es lo Real”. Para dar un soporte más a esto; a pesar de que Miller considera que el estudio de la topología lacaniana no debe crear especialistas en esto, reconoce que “sin la topología Lacan no habría podido elaborar el sujeto sin sustancia que la experiencia analítica requiere”.


La posición de Lacan y su elaboración acerca del psicoanálisis en relación con las matemáticas, se extiende más allá, quedando por fuera del simple análisis de las superficies y objetos topológicos. Entonces me surge (sugestionado, quizá) una pregunta común y ya enunciada por otros autores: ¿Cuál es la diferencia entre el uso de la topología por parte de Lacan y la que hacen de ella los matemáticos? Además, otra pregunta que podría tener un valor de respuesta para la anterior: ¿Acaso “el fuera” de las matemáticas corresponde al psicoanálisis?


BIBLIOGRAFÍA
- Carpeta Nº 4. NEL-Medellín, 2001.
- Eidelsztein, A. “La topología en la Clínica Psicoanalítica”, 2006; Buenos Aires, Ed. Letra Viva.
- Eidelsztein, A. “Modelos, esquemas y grafos en la enseñanza de Lacan”, 1992; Buenos Aires, Ed. Manantial.
- Geometría (una visión de la planimetría). Instituto de Ciencias y Humanidades. 2005. Ed. Lumbreras.
- Lacan, J. “Escritos 2: Subversión del Sujeto y la Dialéctica del Deseo en el inconsciente freudiano”. 2003. Buenos Aires, Ed. Siglo XXI.
- Miller, J-A.“La topología en la enseñanza de Lacan”. Matemas I. Ed. Manantial.


NOTAS
(&) Psicólogo Clínico, Docente en Psicología y Psicoanalista de orientación lacaniana.
* Ensayo presentado para el III Semestre del Centro de Investigación y Docencia (CID) de la NEL-Lima.
[1] Lacan, J., “Subversión del Sujeto y la Dialéctica del Deseo en el inconsciente freudiano”, en Escritos 2; 2003, pág. 801, Buenos Aires, Ed. Siglo XXI.
2] Eidelsztein, A. “La topología en la Clínica Psicoanalítica”, 2006; Buenos Aires, Ed. Letra Viva.
[3] Se hace aquí referencia a la “Presentación de la traducción francesa de las Memorias del Presidente Schreber” (1966), donde Lacan señala: “Ello puede dar una idea de la resistencia que oponen los psicoanalistas a la teoría de la que depende su propia formación”[en Intervenciones y textos 2, 1988, pp. 31 y 32, Buenos aires, Ed. Manantial].
[4] Goldstein, M. “Las escrituras topográficas y topológicas del sujeto, la cura y el final de análisis psicoanalítico”, 2003, Comunidad Virtual Russell, Seminario virtual.








MIEDO AL LOCO

Por: Alejandra Quintero**











Voy a comenzar con un fragmento de un dialogo entre Maud Mannoni que es una psicoanalista francesa y un adolescente considerado como anormal, Llamado Jacques. Lo extraje del libro Un Lugar para Vivir de Maud Mannoni.


- M.M: ....antes estabas explicándole a Paul la forma en que la sociedad, la gente habla de los que llaman normales y de los que llaman “anormales”. Puedes decir algo sobre eso??


- J: Creo que cuando a uno se le considera anormal es muy difícil escapar de ese estatus. Se puede pero teniendo en cuenta de que la gente te hace zancadilla o casi. Tal vez lo hacen inconscientemente, pero lo hacen......



- M.M: Una vez me dijiste que las cosas te fueron bien en el instituto a partir de que las historias que te contabas a ti mismo, las guardabas solo para ti.


- J: Si, si escondes lo que los demás no quieren oír, tienes una apariencia normal. La gente esta lejos de saber que vienes de una casa de “chiflados”.


- M.M: entonces tu has tenido que jugar a ser normal???


- J: si, y luego ya me acostumbré. .....pero las escondo con mucho cuidado, y así nadie se da cuenta de nada y me dejan en paz.......


Este ejemplo lo traje para que veamos que no es un secreto para nadie que la sociedad segrega, rechaza, a aquel que es diferente, entre ellos al que está loco. Pero pensemos...Quién es el LOCO??, en una primera impresión podemos decir que el loco es aquel está mas allá de cualquier diagnóstico psiquiátrico, hablar del loco nos remite directamente a aquel que presenta ciertas anomalías en su comportamiento incluyendo a los niños, al inadaptado, o simplemente aquel que consideramos un poco o bastante extraño, y que en cualquiera de los casos le es bastante difícil escapar de ese estatus.


En el caso del que carga con un diagnóstico de psicosis, y es de este loco del que vamos a hablar hoy, pone a la familia en una encrucijada en la que faltan palabras para poder nombrar ese acontecimiento que aparece en forma súbita y que es absolutamente inesperado. Que de un día para el otro se comienza a notar cierta rareza en el loco que no entienden y los sumerge en la incertidumbre de no saber que esta pasando. Este desconcierto no se limita al primer brote, ya que con cada descompensación del paciente la situación se repite con renovado terror. Desde que la psicosis aparece en algún miembro del grupo familiar se desencadenan algunas cuestiones del orden de lo trágico. Este impacto es vivido por las familias como lo unheimlich, palabra alemana que significa lo ominoso.


En el artículo de lo ominoso de Freud, se presentan distintas significaciones de esta palabra...la palabra alemana unheimlich es lo opuesto a heimlich, que es lo intimo, lo doméstico, lo familiar. Claro que no todo lo nuevo y no familiar es terrorífico, Solo puede decirse que lo novedoso se vuelve fácilmente terrorífico y ominoso, algo de lo ominoso es terrorífico, pero no todo. A lo nuevo y no familiar tiene que agregarse algo que lo vuelva ominoso. En algunas de las acepciones que aparecen en el texto ominoso remite a: lo extraño, sospechoso, mal agüero, lúgubre, siniestro, horrendo, demoníaco. No solo el loco nos remite a un sentimiento tan penoso, también se pueden encontrar situaciones que voy a nombrar a continuación, en las que podemos vivir esa misma sensación que se siente con el loco, esos momentos de angustia, como por ejemplo cuando uno se extravía en un bosque, y a pesar de los esfuerzos por encontrar un camino que resulte familiar, se retorna repetidas veces a cierto sitio caracterizado por determinado aspecto. O cuando uno anda por una habitación desconocida u oscura, en busca de la puerta o la perilla de la luz, y por enésima vez se tropieza con el mismo mueble.


También en otras experiencias podemos ver que solo el factor de la repetición no deliberada es el que vuelve ominoso algo en si mismo inofensivo y nos impone la idea de lo fatal, inevitable, donde lo habitual sería hablar de “casualidad”. Por ejemplo: Es una vivencia sin duda indiferente si en un sitio nos dan cierto número, y hallamos ese mismo número en otro sitio donde fuéramos. Pero esa impresión cambia si es que ambos episodios en si triviales se suceden con poca diferencia de tiempo. Es decir si ese mismo número lo recibiéramos en diferentes situaciones en el transcurso de un solo día uno lo hallaría ominoso. La omnipotencia del pensamiento, es por ejemplo cuando alguien en un arrebato de cólera desea al otro que le pase algo malo o incluso la muerte y si esto después de unos pocos días se hace efectivo el que lo deseó vive esta situación como ominosa. El fenómeno del déjà vu, esa sensación de que ya se ha vivido alguna situación, lugares, paisajes, casas, etc. Y también Los ataques de epilepsia también podemos hallarlos como ominoso. Si la teoría psicoanalítica acierta cuando dice que una serie de sentimientos, de cualquier clase que sean se transforman en angustia por obra de la represión, la represión es para el psicoanálisis una operación por medio de la cual se rechazan o se mantienen en el inconsciente pensamientos, imágenes, recuerdos, entre los casos que provoca angustia existirá por fuerza un grupo en el que pueda demostrarse que eso angustioso es algo reprimido que retorna. Si esta fuera la naturaleza oculta de lo ominoso, no seria efectivamente algo nuevo o ajeno, sino algo familiar antiguo a la vida anímica, enajenado a ella por el proceso de la represión.


Schelling, define lo ominoso como algo que destinado a permanecer oculto sale a la luz. Pareciera que lo ominoso del vivenciar se produce cuando unos complejos infantiles reprimidos, olvidados, son reanimados por una impresión, si fuera cierto que lo ominoso sea algo familiar que ha experimentado una represión y retorne luego de ella, pero el enigma de lo ominoso no parece resuelto solo con este material. Porque no es todo lo familiar que esta reprimido lo que va a generar angustia cuando retorna, parece que solamente un punto de lo familiar lo que se tornaría ominoso.


Voy a poner como ejemplos dos pequeños extractos de mitos griegos...en ambos casos es una historia bastante larga pero que como no viene al caso contarla completa solo me voy a remitir al hecho que nos interesa en esta conferencia. En el Primer mito, Edipo Rey se arranca los ojos cuando se entera de que era esposo de su propia madre. También hace una referencia clara al sentimiento de lo ominoso el mito griego de la Medusa que es un Monstruo femenino de manos metálicas, colmillos afilados y cabellera de serpientes venenosas vivas, mirarla resultaba literalmente petrificador, todas las criaturas que la veían se convertían en piedras de la tierra. La visión de la medusa petrifica de horror. En los dos mitos se hace referencia a una forma atemperada de la castración. El terror es el mismo terror a la castración, estas son conclusiones de Freud en su artículo, La Cabeza de Medusa. Pero vamos a ver que es la castración??? , el diccionario de psicoanálisis dice que Como complejo infantil la castración esta centrada en una fantasía, la cual aporta una respuesta al enigma que plantea al niño la diferencia sexual anatómica, en sus teorías sexuales infantiles, esta diferencia se atribuye al cercenamiento del miembro en la niña, (es decir el niño cree que a la niña le han cortado su miembro sexual) La estructura y efectos del complejo de castración son diferentes en el niño y la niña, el niño teme a la castración como una amenaza paterna en respuesta a sus actividades sexuales, en la niña la ausencia de pene es sentida como un perjuicio sufrido que intenta negar, compensar, reparar. La castración va mas allá de lo fenomenológico, tiene una connotación privativa, normativa. Vamos a ubicar la angustia de castración dentro de una serie de experiencias traumatizantes en las que interviene igualmente un elemento de pérdida, de separación de un objeto: pérdida del pecho en el ritmo de la lactancia, destete, defecación. Estas experiencias son equivalencias simbólicas. El complejo y la amenaza de castración son un tema muy profundo e importante en la teoría psicoanalítica y por supuesto en la constitución de un sujeto, lo voy a tocar muy por encima, solo con el fin de hacer un seguimiento teórico del tema que hoy nos convoca y por que es Freud quien hace este lazo entre lo ominoso y la angustia de castración. Lacan dice que la castración, se trata de la incorporación de un tercero, que usualmente está representado por el padre, que separa, corta, el dúo madre - niño. Por este hecho, crea la ausencia, el vacío en la pareja madre- hijo, devolviendo el deseo a la madre, y ofreciendo al niño su espacio para la creatividad, la originalidad que surge con la falta, es decir ese espacio liberado por la función paterna entre la madre y el niño. Castrar a alguien es darle la posibilidad de devenir en un ser humano independiente.


Finalmente la castración se trata de un corte, simbólico, que permite el advenimiento de un sujeto y hacerse reconocer por el otro como sujeto. Este corte o falta es fundamental, es su desenlace el que determina la estructura psíquica de un sujeto, este es el punto de lo familiar reprimido que les decía anteriormente que se torna ominoso. Porque más importante aun que el corte en si es la manera en que cada uno lo vive individualmente y la huella muy particular y diferente que deja en cada uno. Todo estos complejos infantiles suceden a nivel del inconsciente, están reprimidos, olvidados, pero en lo que se refiere a la locura, es justamente allí donde está la dificultad, en la huella que deja este corte simbólico, parece que todo estuviera a flor de piel. Entonces podemos pensar que la angustia que el loco despierta en el otro nos remite indefectiblemente a nuestro propio corte, y a la huella imborrable que ha dejado en cada uno de nosotros de diferente manera y que posibilitó nuestra propia constitución como sujetos y a los avatares que para ello hemos pasado en nuestra vida anímica infantil. Es decir, el miedo, el rechazo, que sentimos ante un encuentro con un loco no es mas que un enfrentarse con eso familiar, con cosas propias que están reprimidas destinadas a estar ocultas, olvidadas y algo(o sea el loco) las hace salir a la luz. Este miedo que se siente por el loco, lo tuvo y aun lo tiene recluido en instituciones, como si fuera un gran peligro para la sociedad, internar al loco en un hospital, sacárselo de encima parece la primera reacción a la que atina cualquiera que lo tuviera a cargo. Aquí voy a hacer una aclaración, No es que esté mal el internamiento, siempre y cuando se le dé la posibilidad de opinar y si es que esta pasando por una crisis, en la que no puede dar ninguna opinión cuando sale de la crisis es conveniente pedírsela y no dejarlo por siempre internado, por que las crisis no duran mucho tiempo. Álamo hace un trabajo con el loco que no lo hace todas las instituciones y es permitirle al loco decir su verdad, hablar libremente, le permite al sujeto situarse al nivel de la palabra, con posibilidad de separarse, de apartarse de la institución cuando lo desee, no es al modo de la institución tradicional que adquiere en la práctica, una posición de omnipotencia, de asumir el saber, y cogidos en esta trampa, le rechaza al loco el lugar de sujeto en busca de su deseo, la palabra del paciente solo puede ser escuchada como la palabra del loco. Álamo, no encierra a sus locos, no esta todo el día encima suyo, no asume posiciones de saber, pero sí esta a su servicio. Se acepta el delirio y el comportamiento del loco por perturbado que resulte, por que sabemos que es su propia manera de buscar el camino y su curación, y esta solo es posible al final de esta búsqueda, que a veces es muy larga y muy difícil de aceptar por las personas que lo rodean. No es que los profesionales de Álamo podemos hacer este trabajo con los locos por que seamos unos pocos iluminados, la respuesta esta en el análisis personal. Álamo no solamente trabaja con locos, también lo hace con su familia, por que este miedo al loco que por supuesto no le es ajeno a los familiares, y es por eso que realizamos, un trabajo integrado, en conjunto para finalmente dar cuenta de se tratan estos misterios que envuelven a la locura, por que tener conocimiento, saber, sobre ellos ayuda a desmitificarlos y permite a la familia enfrentarlos desde otro lugar. De lo que se trata es que aquello que devino en un momento como ominoso, se vaya tornando un poco más familiar. De igual manera estas conferencias tienen como finalidad mostrar temas de salud mental entre otros a la comunidad, para que poco a poco se vayan desprendiendo esos mitos formados alrededor del pobre loco y no solamente de él, que además de su sufrimiento tiene que cargar con peso de un gran estigma.


NOTAS

* Conferencia pronunciada en Álamo (Centro de Promoción en Salud Mental).

** Licenciada en Psicología, psicoanalista de orientación lacaniana, formada académicamente en Argentina.